sábado, 11 de junio de 2011

TERCERO:- CUIDAR EL MEDIO AMBIENTE.

Si cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, hemos dado el primer paso para darle sentido a nuestra existencia, independientemente de la pluralidad de nuestras ideas, lo que es siempre sano porque la diversidad y las diferencias son la fuerza motriz para desarrollar una cultura en la que en nuestro entorno siempre se fortalezca nuestra decisión de mantener nuestro organismo en optimas condiciones.

Sin embargo todos sabemos que los adultos hemos hecho pésimamente la tarea de cuidar y de proteger el medio ambiente, al punto de que hemos enfermado al planeta.

En efecto la tierra que es el lugar de todos los seres vivientes y por supuesto de nosotros los humanos está muy enferma y a pesar de que es nuestro único hogar es muy poco o prácticamente nada lo que estamos haciendo para que se alivie.

De hecho en la actualidad vemos como las naciones más poderosas de la tierra se niegan a tomar decisiones para someter a nuestro planeta a cirugía mayor, ya que solo piensan en sus intereses políticos y económicos con la insensatez de no pensar que los daños ocasionados ya nos han alcanzado a todos.

Los países desarrollados argumentan necesidades asociadas a mantener su crecimiento y hegemonía tomando como principal argumento su calidad de protectores de la democracia y las libertades humanas y los países en desarrollo sostienen que tienen el derecho a alcanzar los niveles de vida económica requeridos para sacar a sus pueblos de la postración, sin aclarar que en buena medida las causas de esas condiciones son la inequitativa distribución de la riqueza y estratos sociales en los que no se percibe la fraternidad y la solidaridad humana tal y como lo prescribe el artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Para las Naciones las corporaciones multinacionales y las empresas locales que sistemáticamente atentan contra el medio ambiente y que han provocado el cambio climático y en consecuencia el calentamiento global, afectando gravemente la flora y la fauna el fin no justifica los medios.

Todos los adultos que ahora con enfermiza indiferencia participan directa o indirectamente en la contaminación del medio ambiente fueron niñas, niños y adolescentes y todo indica que jamás tomaron conciencia de sus deberes con la naturaleza, de ahí la importancia de este mandamiento del decálogo.

Los adultos debemos continuar luchando por revertir los daños al medio ambiente y mejorar el mundo desde los ámbitos de influencia donde nos desenvolvemos.

Las niñas, los niños y los adolescentes tienen el deber de realizar acciones básicas del cuidado del medio ambiente que a la vez implica educación en este aspecto tan importante, ya que el deterioro del planeta afecta la salud física y mental de su población y su destrucción bien sabemos las consecuencias que producirá.

Todos sabemos qué conductas son las que nuestra niñez puede realizar para convertirse en actores del cambio, si es necesario aceptemos que son ellos los que nos pueden dar la lección y si en todo hogar la niñez se convierte en agente de presión para adultos inconscientes que va desde campesinos hasta políticos a magnates, es posible que si ellos cumplen este deber terminaremos por aprender la lección, pero sobre todo ponerla en práctica por el bien de nuestra especie.

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