sábado, 11 de junio de 2011

NOVENO:- RESPETAR Y DEFENDER LOS DERECHOS DE SUS PARES.

En nuestro planeta y, sobre todo en naciones subdesarrolladas, los derechos de niñas, niños y adolescentes son vulnerados con frecuencia, entre otros factores por la injusticia social que impacta derechos fundamentales, como lo son, el derecho a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda, a la seguridad, a la protección integral, a vivir en un ambiente libre de violencia y, sobre todo, a coexistir en un ambiente donde impere el amor, la felicidad y la comprensión.

Uno de los pilares de las sociedades democráticas de derecho contemporáneas que nos reclama a gobernantes y gobernados el acatamiento efectivo de las normas jurídicas para que el Estado esté en condiciones de cumplir con la función que los ciudadanos le hemos encomendado, es la cultura de la legalidad.

El aprendizaje y la comprensión de nuestra niñez sobre sus derechos fundamentales desde su primer etapa de vida, la compromete a ponerlos en práctica con niños y niñas de su misma generación, de tal forma de que sabedores de sus derechos y los de sus pares se abstengan de atentar directamente contra los mismos y a la vez los hagan valer cuando alguien los vulnere.

Es decir, desde los derechos fundamentales de los niños hasta los principios y valores que les son inculcados en su primera infancia, es necesario que introyecten, que se sensibilicen y se comprometan a abstenerse de atentar ellos mismos contra tales derechos en perjuicio de sus compañeras y compañeros.

La toma de conciencia de niñas y niños de que sus derechos los comprometen con sus pares, es decir, deben defenderlos ante situaciones que se presenten dentro del grupo al que pertenecen, constituye los primeros pasos para hacer efectivo su sentido de justicia, indispensable para que en el futuro se conviertan en seres que respeten las normas jurídicas y en consecuencia vivan a plenitud la cultura de la legalidad.

La defensa de los derechos entre pares se traduce en el ejercicio de la democracia real que convierte a nuestra niñez en protagonista de cambios, que ahora mismo no se están produciendo por el desdén que los adultos tenemos respecto de la cultura de la legalidad.

La comprensión y defensa de derechos humanos y de normas sectoriales entre pares, es el principal punto de equilibrio para avanzar con solidez hacia la materialización del desarrollo humano de los individuos.

En efecto, la niñez comprende que puede ser o hacer todo aquello que no daña a los demás y que sí en cambio está legitimada para llevar a cabo todo lo que implique la protección de sus derechos y de quienes los rodean.

El desarrollo sano de la personalidad de niñas y niños está supeditado a que desde sus primeros años de vida comprenda sus derechos, pero también que comprenda sus deberes, ya que es este el equilibrio que requiere para que tal y como se previene en el texto de la Convención de los Derechos del Niño, alcance un desarrollo pleno.

El aprendizaje concomitante de derechos y deberes, habilita a la niñez para practicarlo con sus pares, lo que permite que fraguen con tal consistencia que nos encontraremos con generaciones de niñas, niños y adolescentes con una percepción de sí mismos y de los demás en la que la justicia se convierte en el epicentro de su existencia.

Asimismo para los adultos significa una manera distinta de relacionarse con sus hijas e hijos en cuyo contexto se puede hacer realidad el surgimiento de espacios signados por el amor, la felicidad y la comprensión.

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