sábado, 11 de junio de 2011

SEGUNDO:- ATENDER SU HIGIENE FÍSICA Y MENTAL.

El cuerpo humano es el templo de cada uno de nosotros, es por esto que debemos cuidarlo y estar pendientes a cada momento de que se mantenga inmaculado.

Es así como la nutrición sana armoniza nuestro organismo y le provee la energía requerida para desempeñar las actividades cotidianas. La higiene física impide que agentes externos penetren a nuestro cuerpo y le provoquen enfermedades físicas e incluso mentales.

El aseo personal previene enfermedades que deterioran nuestro organismo y que si lo afectan desde los primeros años de vida es probable que nunca podamos recuperar plenamente nuestra salud.

La falta de aseo físico nos hace vulnerables a virus que como agentes patológicos se convierten en enemigos de nosotros y que si tienen éxito pueden producir la destrucción de nuestro templo.

En el mundo son muchos los niños y niñas que mueren por enfermedades contraídas como consecuencia de una higiene física inadecuada.

Es así como la higiene física es indispensable para mantener nuestro cuerpo en óptimas condiciones de funcionamiento, pero además es necesario que atendamos nuestra higiene mental, es decir, qué hacer para nutrir nuestra mente para que ésta no se enferme.

Las niñas y los niños tienen derecho al desarrollo armónico de su personalidad, es por esto que vale la pena que recordemos la expresión mente sana en cuerpo sano, lo que a su vez se puede complementar con la afirmación de cuerpo sano en mente sana, es decir el peso que en nuestra vida tiene la higiene física y la higiene mental es equivalente si queremos alcanzar nuestras metas y hacer realidad nuestros sueños.

Preocuparnos por mantener sana la mente, nos lleva a analizar si el consumo del tabaco es bueno o malo para la salud, así como cuál es el efecto que produce en nuestra mente y los daños que causa al organismo en general a lo largo de nuestra existencia.

El alcohol es la sustancia más peligrosa, ya que cuando se introduce al torrente sanguíneo no solo afecta, deteriora y altera nuestras facultades mentales y con el transcurso del tiempo nuestro organismo, sobre todo, nos transforma y nos convierte en personas que quedamos a merced de nuestra vida instintiva volviéndonos capaces de hacernos daño a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

El alcohol causa tantos males a nuestra higiene mental que el mundo cambiaría si dejáramos de ingerir esta sustancia, comenzando porque es el principal agente desencadenador de la violencia en la vida familiar convirtiéndola en un lugar inseguro y de alto riesgo para quienes la integran.

Las drogas ilícitas dañan también a nuestra mente, la intoxican, nos impiden pensar con claridad convirtiéndonos en el transcurso del tiempo en esclavos al volvernos en dependientes de su consumo y en personas capaces de cometer las más oprobiosas conductas cancelando con esto un futuro que permita nuestra plena realización.

Es muy fácil que alguien logre que demos el primer paso para consumir drogas, ya que durante la niñez tenemos la apremiante necesidad de aceptación y reconocimiento de quienes nos rodean, sobre todo, de aquellos que tienen nuestra misma edad, es por esto que nuestra niñez fácilmente se convierte en presa de mentes torcidas, pero claro está el costo es tan alto cuando se acepta consumir drogas que tal vez nunca se logre recuperar la libertad que da el derecho de elegir lo que realmente se quiere hacer.

Podemos lograr la aceptación de los demás sin lastimar nuestra mente y convertirnos en verdaderos amigos conversando sobre las consecuencias del uso de drogas, pero para ello se requiere que nuestra niñez esté debidamente orientada y blindada con los estímulos criminógenos a los que todo el día debe enfrentarse.

Asimismo es necesario se generen condiciones para mantener a la niñez alejada de programas de televisión que la enferman, de información del internet que la perviertan, de periódicos y revistas que hacen apología del delito y de juegos interactivos que estimulan la violencia.

No debemos olvidar que los seres humanos llegamos al mundo para convivir en paz, para ayudarnos los unos a los otros, para no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan y para juntos desde los primeros años de la vida planear fraternal, solidaria y cooperativamente cómo podemos ser en conjunto mejores.

La higiene mental es la fuerza que nos proyecta con sentido hacia la cristalización de nuestros ideales, por esto debemos llevar a cabo todo lo que esté en nuestras manos tanto niñas, niños y adolescentes como adultos para crear las condiciones que nos guíen hacia el desarrollo humano pleno de cada uno de nosotros.

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