Es común encontrarnos como desde los primeros contactos de niñas y niños con los procesos de enseñanza-aprendizaje en la educación formal se manifiesta una resistencia de estos para integrarse a esta experiencia de vida.
Culturalmente nuestra niñez escucha que la asistencia a la escuela y el proceso de aprendizaje es una obligación y que deben asistir y tener un buen desempeño aunque no tengan disposición por esto, ya que se les dice que es así como las cosas tienen que ser.
En realidad no nos ocupamos de hablar desde los primeros años de crianza de la gratificante experiencia que significa acudir a la escuela y gracias al aprendizaje cotidiano y formal comprender paulatinamente la realidad en la que estamos inmersos.
El aprendizaje en niñas, niños y adolescentes paso a paso constituye o implica la eliminación de un velo que nos impide apreciar nuestras potencialidades y en consecuencia la capacidad que tenemos de existir en plena libertad.
Al contrario nuestra niñez aprende que el estudio es una actividad que fatalmente está condenada a realizar y que los pretextos no valen para las inasistencias o el abandono de las actividades escolares, lo que en su mente produce la equívoca percepción de que la escuela es un mal, es algo que se tiene que hacer porque no existe otro remedio.
El estudio es vital para la realización de cada persona y es el camino que nos garantiza la evolución social, una evolución en la que al margen de la satisfacción de las necesidades básicas o en aquellas consideradas como tales por nuestra cultura, nos puede conducir a la liberación en la que cada ser humano realice aquellas actividades por las que en realidad tiene inclinación y vocación y que lo lleve a vivir en concordia consigo mismo y con su prójimo.
El estudio claro esta lo asociamos de manera inmediata con el aprendizaje de las materias que integran los planes de estudio desde Preescolar hasta la fase de Posgrado, sin embargo en este decálogo estudiar tiene una acepción mucho mayor y esta depende de la concepción de educación como derecho humano contemplado en documentos internacionales y en la parte dogmática de las Constituciones Políticas nacionales.
Así el estudio implica contenidos de aprendizaje orientados a educar para la vida y en este contexto alcanzar el desarrollo humano pleno.
Asimismo a la escuela le corresponde fomentar el amor a la patria, una clara comprensión de la solidaridad, la justicia y la democracia, la adquisición de conocimientos para mejorar la convivencia humana, el aprecio por la dignidad de las personas, la integridad de la familia y la tolerancia así como la toma de perspectiva social que deja atrás el individualismo enfermizo en el que la persona se reafirma en la concepción rupestre del primero yo, luego yo y después yo y por último la Introyección de los inalienables principios de libertad, igualdad y fraternidad.
En consecuencia estudiar debe ser una experiencia gratificante y a la que todos los días niñas, niños y adolescentes quieren accesar porque les permite ampliar su espectro del conocimiento sobre todo como ya se mencionó de la realidad y de cómo incidir en ella para cada día ser mejores y sumar sus potencialidades para que en el futuro se conviertan en protagonistas de sociedades en las que tengan cabidas las mejores expresiones de nuestra común humanidad.
El estudio permite a la niñez experimentar un crecimiento interior que facilita su relación con los demás.
Así mismo desde temprana edad es necesario que niñas y niños aprendan a interactuar respetándose unos a otros.
Es muy importante que logren expresar lo que sienten y lo que piensan sin provocar enojo sobre todo entre sus pares y a colocarse en el lugar de las personas con las que tienen diferencias para darse cuenta de cuales con las razones de su comportamiento.
Las niñas y los niños por la forma en que han aprendido a comunicarse se lastiman emocionalmente con frecuencia y lo mismo pasa en su relación con los adultos.
Cuando el tiempo transcurre y no se hace algo para mejorar las relaciones a la vez que se espera que el conflicto se resuelva solo lo más probable es que la situación empeore y que las niñas y niños experimenten la sensación de encontrarse en un callejón sin salida lo que los desespera y produce mayores dificultades para comunicarse.
Aprender desde la primera infancia a dialogar manifestando lo que siente y como lo siente, a pedir explicaciones, a aclarar situaciones, a escuchar lo que se le dice a esforzarse por comprender la situación debe de convertirse en una experiencia cotidiana.
Durante el crecimiento las niñas y los niños deben desarrollar habilidades cognitivas que les permitan dialogar restaurando los daños emocionales que se produzcan en sus relaciones.
Así mismo es importante que aprendan a comunicarse apreciativamente de tal manera que toda diferencia que surja entre sus pares o con los adultos pueda encontrar causes armónicos de solución.
Niñas y niños deben aprender a dialogar sustituyendo el tu y el yo por el nosotros, hacerlo cuidando lo valioso de sus relaciones y sumando lo mejor que cada quien tenga para que en la suma encuentren las respuestas a sus reclamos y a sus necesidades.
Si enseñamos a niñas y niños a dialogar asociándose para buscar soluciones tanto las diferencias entre ellos mismos como con los adultos; si además les enseñamos a restaurar sus relaciones y si les mostramos el sendero de los diálogos apreciativos los estaremos dotando de los mejores elementos para que crezcan equilibradamente.