Es frecuente que los adultos atentemos contra los derechos de niñas, niños y adolescentes, de ahí la importancia de que éstos conozcan con claridad y sencillez cuáles son sus derechos para que conscientes de estos cuando sean violados lo hagan del conocimiento de aquellas personas en las que confíen.
Para bien de nuestra sociedad la mayoría de los padres de familia se esfuerzan todos los días por cuidar y proteger a niñas, niños y adolescentes contra la violación de sus derechos y por proporcionarles todo aquello que consideramos que es lo más apropiado para que crezcan y se conviertan en ciudadanos útiles y valiosos.
El ejercicio de la corrección de la niñez tal y como se aplicó en anteriores generaciones, cada día tiene menos cabida en nuestra sociedad, sin embargo, el mosaico de culturas incluidas las indígenas que aplican sus propios usos y costumbres en relación con el trato que dan a la niñez, nos muestra que todavía tenemos un largo camino por transitar para que desaparezca la violencia que sobre ellos ejercemos.
Independientemente de lo antes mencionado niñas y niños desde sus primeros contactos con instituciones sociales distintas a la familia, aprenden en guarderías cuando han desarrollado por su edad la capacidad de comprender los mensajes que se les transmiten así como en Preescolar, Primaria y Secundaria cuáles son sus derechos y para bien de todos su clara comprensión los convierte en actores que los hacen valer ante quienes pretende violarlos.
Sin embargo el aprendizaje ha convertido a nuestra niñez en seres que sienten que por la etapa de la vida en que se encuentran solo son titulares de derechos y no de deberes, lo que produce perfiles de personalidad que contradicen la cristalización de la esencia de su desarrollo como seres humanos, es decir un crecimiento equilibrado de su personalidad.
Los padres de familia o adultos bajo cuya custodia se encuentra la niñez, se percatan de que estos desconocen que tienen deberes y obligaciones y que su comprensión resulta indispensable para su sano desarrollo.
La niñez solo con derechos suele manifestar en su comportamiento actitudes egocéntricas y de falta de consideración hacia sus semejantes, incluso manifiestan rasgos de actitudes tiránicas que se traducen en violencia ejercida desde temprana edad hacia los adultos.
En la actualidad encontramos adolescentes que incluso agreden con frecuencia a sus padres y que psicoemocionalmente los lastiman cotidianamente convirtiéndose estos últimos en victimas que tienen que llevar a cuestas estas actitudes consecuencia de la ausencia de normas que contemplen los deberes de niñas, niños y adolescentes.
Pretender enseñar los deberes o mandamientos a la niñez en distintas etapas, es decir que en una primera fase y durante varios años se les enseñen sus derechos y en una posterior sus deberes, es un grave y preocupante desacierto, ya que estos últimos se resisten a asimilar compromisos que indican la realización de tareas que conllevan esfuerzo.
El proceso de enseñanza, comprensión, asimilación e incorporación en la mente de nuestra niñez, debe ser concomitante, es decir enseñarles sus derechos y simultáneamente sus deberes y obligaciones.
Si logramos que lo antes señalado suceda estaremos creando condiciones objetivas que permitan un desarrollo equilibrado de la personalidad de nuestra niñez y le proporcionaremos a los adultos, bajo cuya custodia estos se encuentran, condiciones objetivas para que cumplan con la trascendental tarea de la socialización de su prole.
En este contexto cada niña, niño o adolescente estarán plenamente consciente de sus derechos y el estado a través de sus instituciones se encargará de su efectiva protección pero también estarán conscientes de sus deberes y los adultos podrán guiarlos por el sendero que la sociedad ha trazado en el marco del respeto por convicción de las normas de convivencia social y de la práctica de valores espirituales, éticos y cívicos así como del respeto a la cultura de la legalidad.
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